Hoy es martes, el
último martes de Integrando a México. Desayunamos chilaquiles en salsa roja y
frijoles; me desperté tarde y me bañé con agua caliente (por fortuna). Dentro
del rancho no tengo percepción alguna del tiempo, entonces un martes no tiene
características de martes, pero sigue siendo martes.
Llegando a la escuela
tuvimos la acostumbrada actividad matutina, aunque esta vez no hubo canción ni
jugamos ninja, nada peor para empezar el día. La actividad fue lo peor, una
extraña mezcla de trabajo en equipo y buen escucha, combinado con el hecho de
que teníamos que pasar a todo el equipo por encima de una cuerda amarrada a dos
árboles como a la altura de nuestras cabezas y que no podíamos hablar. Resultado:
Carla murió... no, pero si estuvo cerca de fracturarme la espalda. No logramos
pasar a todo el equipo, pero sin duda los gritos de Dania pidiendo a Carla que
no la soltara valieron la pena.
Comenzó el día y nos
fuimos a nuestros respectivos salones a seguir trabajando con nuestros
proyectos. Nada más frustrante que sentir que solo das un paso hacia atrás
cuando se supone que deberías dar dos hacia delante. Rosario nos tranquilizó
diciendo que eso parecía al principio, pero que eran tan críticos con nosotros
como podían para que todo estuviera bien planeado y el proyecto fuera
realizable. Salimos por una torta y el día fue mejorando.
Comimos carne roja,
algo inédito en el curso hasta este martes. No fue de lo mejor, pero sin duda
no nos podemos quejar. Algo extraño y que sucede muy a menudo aquí: llueve
repentinamente. Así sucedió hoy y nos dieron una noticia sin precedentes:
tenemos que hacer un show cultural el sábado frente a nuestros invitados,
tendremos 5 minutos para hacer una presentación sobre nuestros lugares de
origen. Para no hacer el cuento muy largo terminé en uno de los tres grupos del
Distrito Federal: hay uno de Coyoacán, otro de Tlalpan y otro más de todos los
demás. Yo, claro, estoy en el último y no tenemos nada preparado, únicamente
que somos Carla, Carlos, Rodrigo, Roxana, Julia y yo.
La comida iba muy bien
este martes hasta que a doña Conchita se le ocurrió darnos de cenar tostadas de
verduras con queso. No es que no estuvieran buenas, pero fueron insuficientes.
Ahora son las 12:12 y
todavía no me puedo dormir porque Alonso me tiene escribiendo el diario después
de cantarle las mañanitas a Carlos.
Nekane Sandoval
Díaz (Distrito Federal)
No comments:
Post a Comment