Los
días pasan lentos. Los recuerdos iniciales se van perdiendo, difuminando poco a
poco en la noche insondable de los tiempos. Pareciera ayer como si hubiera sido
el cumpleaños de Nekane, pero no: fue hoy. Los acontecimientos de la noche previa
son los que me hacen creer esto último. Por asalto y de improviso, entramos con
una puntualidad enfermiza a las 00:00 horas al cuarto de las niñas, y más
específicamente, a la cama de Nekane, para felicitarla por su cumpleaños. La
sorpresa tuvo sentimientos encontrados. Por un lado la festejada, sonriente
como siempre, por otro los festejadores, también sonrientes, pero por otro lado
las niñas que no estaban festejando nada, no sabían que algo se estaba
festejando y no querían festejar nada. Al final todos contentos.
En
la mañana, después de las labores matutinas, luego de un desayuno y al abordar
el camión, nos fuimos distribuyendo en el vaivén diario al que nos habíamos ya
acostumbrado durante mucho tiempo. Yo, como semanalmente me había dispuesto,
bajé con mi equipo en la biblioteca y nos dispusimos a trabajar con los niños y
las niñas. La química entre los niños y yo, y especialmente entre dos niñas
(Carla y Eliza) es más estrecha. Hay un amor inexplicable, y en cierto sentido
perturbador, entre los pequeños y nosotros, los y las participantes de IaM.
Algo tendrá que ver con nuestras aptitudes artísticas: Fernanda baila muy bien,
Diana dibuja mucho, Nancy sabe relacionarse con los niños, yo les hago malabares
y Blanca grita mucho. El taller transcurrió bien dentro de lo posible, y a
pesar de que aplazamos algunas actividades, la principal, que era la del
memorama de derechos de los niños, los entusiasmó al punto de que otros
talleres fueron para cerrarnos las puertas y que no se oyeran nuestros gritos.
Y pasó.
Drogas.
La tarde fue para las drogas. Llegados a la escuela, de los distintos programas
de servicio comunitario, en mi caso de la biblioteca (y en el caso de otros
tantos desafortunados, de las aulas de clase de la escuela misma), nos dispusimos
a aprender sobre problemas sociales. En este punto entran las drogas. A pesar
de ser media semana y de sólo haber tenido dos días previos de taller, era la
última clase, y nos abocamos como nunca al tema. Cecy, la facilitadora que el
destino siempre me encaja (en el mejor de los sentidos), nos ilustró a mi grupo
y a mí sobre un panorama contundente del narcotráfico en México. Fue algo abrumador
la cantidad de información que recibimos, pero nada que no fuera digerible.
Entramos entusiasmado, en clase estuvimos bastante abrumados, algunos dormidos,
y salimos ensimismados. Las drogas son tema delicado y riguroso y por más
ahondamiento que se les pueda dar, tocar las raíces sigue siendo asunto nada
fácil. Pero también pasó. Luego la reflexión de familias, carente de uno de
nuestros miembros maternos por cuestión de enfermedad, regresamos al rancho en
una situación sonora típica de los 90’s.
Y
llegamos al rancho y fue el cumpleaños de Nekane. Y aquí ahondaría más sobre la
dinámica que tomó la cosa, pero no vale la pena, ya que fue un cumpleaños como
ha habido tantos y como tantos más habrá, pero uno como sólo puede haber en
Integrando a México. ¿Se imaginan cómo se da un cumpleaños con empatía y
valores de agencia de paz? Yo tampoco, y sin embargo, se dio.
Inti Tonatiuh González Delgado
(Distrito Federal)
¡Chistocito!
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