Llegamos al rancho el domingo por la tarde, yo venía en
coche así que llegue a las 4, hora a la que nos habían citado. Había otros
participantes con sus papas a los cuales no conocía, todos estábamos esperando
a que alguien nos dijera que hacer.
Después de unas dos horas llegaron Patricio (quien se
encargó de hablar con los papás y explicarles todo lo que quisieran saber), Betty,
Italuvi y Rosario, que comenzaron a organizar actividades con los que ya
estábamos ahí.
Después de un par de horas, justo cuando estábamos entrando
en confianza y creíamos que ya sabíamos todos los nombres, ¡bam! Llegaron los
del camión. Ahora había como 30 caras nuevas y mucho por aprender de cada una.
Después de colocar sus cosas en las camas que cada quién corrió para “apañar”,
fuimos al auditorio y tuvimos una eterna sesión de “bate bate” en la que
logramos aprendernos (casi) todos los nombres y conocer un poco mas a cada uno
de esas nuevas personas con las que al parecer pasaremos un mes bastante
importante de nuestras vidas. Como a las 12:30 terminó le primer día de
Integrando a México, todos estábamos contentos.
El segundo día empezó a las 6:20 (aunque se supone que los
días empiezan a las 7:15) de la mañana, con unas inquietas niñas que no estaban
seguras si les daría tiempo de bañarse todas, ya que sólo hay dos regaderas en
un cuarto para 16 personas. A lo largo del día descubrimos que esto no habría
sido necesario, ya que hay más regaderas fuera de los cuartos que también
podemos usar.
Este día, llegamos todos a desayunar con un “buenos días”,
como si ya nos conociéramos de mucho tiempo aunque solo lleváramos unas cuantas
horas. Después del desayuno, un camión (en el que los escasos siete hombres
participantes decidieron irse parados por “caballerosidad” de la cual, estoy segura,
se van a cansar en unas semanas) nos llevó a la escuela; ahí hicimos nuevas
dinámicas de nombres para conocer al resto de los facilitadores y terminar de
aprendernos nuestros propios nombres.
Hicimos otras actividades como “di que sí”, en la cual,
entre otras cosas, jugamos congelados como cuando éramos chiquitos y bajamos a
Carla (una compañera del curso) por unas altas escaleras, pasándonosla entre
todos. También hicimos historias con un compañero, la actividad consistía en
decir lo primero que le viniera a la mente. En la mía con Fernanda, ella iba
volando en una mosca gigante de ojos rojos, para cumplir la misión que le
dejaba el Mago (ya que ella era la única humana sobreviviente por junto con
Doña Juana) en la tenía que encontrar el antídoto para que la colonia de moscas
gigantes bebiera, y regresaran a su forma original con seres humanos.
Pero no todo el día fueron juegos, también recibimos
pláticas sobre los distintos talleres que podremos tomar en la segunda semana y
nos pidieron que hiciéramos una lista de prioridades. También conocimos a
nuestras “familias”, cada una de las cuales ideó un nombre y una porra, todas
muy divertidas. Mi familia somos los Tacos de Ombligo, nombre que se nos
ocurrió al acordarnos que México en Náhuatl significa “el ombligo de la luna”
(de donde tomamos la palabra ombligo) y concluir que a todos nos gusta comer, y
qué comida más mexicana que los tacos, que además hay tacos de literalmente
TODO, así que ¿por qué no un taco de ombligo?
Finalmente estuvimos en una plática muy interesante sobre el
pensamiento sistémico y la empatía universal, que nos llevó a reflexionar a
todos a pesar de que hacía mucho calor en el auditorio, y todos estábamos
cansados.
Al regresar al rancho, después de cenar, jugamos todos
juntos sardinas enlatadas (algo así como las escondidillas, pero en vez de una
persona buscar a todos, todos buscan a una persona y se van escondiendo con
el/ella) y acabamos ocultos de seis asustadas personas en la parte de arriba
del cuarto de las niñas; a Blanca, que se sentía mal ese día, le extrañaba que
le dijéramos que no nos delatara, ya que comentaba que éramos muy ruidosos, y
nos delataríamos nosotros mismos.
Ya en la noche algunos se fueron a dormir, y otros jugamos
cartas. Todos ya somos buenos amigos a pesar de que llevamos un solo día
juntos. ¡Imagínense en un mes!
Diana González Santillán (Distrito Federal)
Leyendo esto varios meses después, me disculpo por la horrible redacción y los múltiples errores.
ReplyDeleteEste texto fue el producto de 15 minutos a la hora del desayuno.
Aún así son buenos recuerdos.
Atte: Diana G.S.