Domingo por la
mañana, nadie se levantaba. Fue nuestro primer día libre. Las alarmas no
sonaron, la mayoría no se bañó y tomó
el desayuno en pijama con los cabellos alborotados. Después de comer
chilaquiles comenzó el trabajo. Nos reunimos con nuestro equipo de servicio
comunitario y empezamos a planear nuestra semana, según las actividades que
debían realizarse. Ningún facilitador estuvo presente para supervisarnos, fue
completamente trabajo en equipo, todos colaboramos sin sobresaltos,
escuchándonos e imaginando ideas para crear actividades en las que los
participantes pudieran conectarse con los objetivos de cada uno de los
talleres. Algunos equipos terminaron más temprano que otros, pero finalmente
estas reuniones dieron fin alrededor de las dos de la tarde. Tuvimos tiempo
libre para arreglarnos, los que no se habían bañado, se bañaron y todos,
vanidosos o no, nos pusimos coquetones y contentos para salir por primera vez
de paseo a San Miguel de Allende. Volvimos a comer, y ya preparados, salimos
del rancho para tomar el camión. Dentro de éste, cantamos canciones populares,
reímos.
Cuando llegamos
a la plaza principal de San Miguel o San
Mikey, como lo llaman algunos, esperamos a los faclitadores. Mientras nos
tomamos fotos, con poses de turistas. Cuando llegaron los facilitadores, nos
dividimos en grupos según nuestras preferencias para visitar los lugares de
interés. Y empezamos nuestro recorrido. Visitamos y fuimos clientes de una
heladería muy buena, luego, nos dirigimos al mercado de artesanías muy
emocionados siempre. Nuestro estómago volvió a reclamar y decidimos comprar
churros, refrescos y demás.
Llovía, salía el
sol. Gritamos, corrimos y de repente, llego la hora de volver al camión. El
tiempo pasó volando, como esta semana, nos dimos cuenta, sólo nos quedaban tres
para seguir disfrutando. En el camión cantamos de nuevo, o quizá solo gritamos
creyendo cantar. Llegamos al rancho, dijimos al chofer: ¡Gracias! Y nos bajamos
para tomar la cena… tostadas con ensalada rusa.
Ahora estoy
escribiendo esto, viendo a través
del ventanal como
mis amigos se divierten dentro de la alberca, escuchando música, platicando,
siempre alegres. Es nuestro primer día libre, nos relajamos, porque mañana
empieza nuestro verdadero trabajo, Enseñar lo que aprendimos, compartir,
explorar y poner en practica los principios de la agencias de paz, mostrar en
lo que creemos, prestando siempre atención a las personas que nos rodean para
unirnos más. Estamos felices de estar aquí, pero no por eso, dejamos nuestra
conciencia a un lado, en realidad, la integramos y enriquecemos.
Nitzhui Daniela Morales Pineda (Distrito Federal)
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